lunes, 1 de octubre de 2007

El origen del SIDA


El tema es polémico, grave y se debe caminar sobre el mismo con pies de plomo, porque todo asunto que guarde relación con la salud humana nunca debiera ser tratado a la ligera. Desde hace muchos años la ciencia se viene preguntando cómo y dónde “saltó” el virus VIH desde su reservorio animal a los humanos.
Este “salto” del virus se fijó, a partir del estudio cronológico y geográfico de casos, en África hace unos cuarenta años. Siempre se supuso que suceció por vías “naturales”, por contacto con una población animal infectada. Ahora bien, desde hace tiempo se plantea una idea que, dada la gran cantidad de información al respecto, no habría que tirar a la basura todavía. Si bien falta la prueba final, la sombra de la duda planea sobre el asunto. He aquí la cuestión:

Edward Hooper es un periodista de investigación británico que en 1999, tras sus viajes por África, publicó un polémico libro: The River: A Journey Back to the Source of HIV and AIDS. En el mismo plantea que el SIDA surgió como un accidente relacionado con vacunaciones masivas en África a través de la vacuna tipo CHAT desarrollada por el Doctor Koprowski. A primera vista puede parecer una estupidez, pero no lo es tanto. Las pruebas aportadas, desde las históricas, las de geografía médica, las de epidemiología y las relacionadas con campañas de vacunación y política sanitaria en África hace más de cuarenta años indican que algo puede haber de cierto.
Eso sí, y antes de relatar brevemente cómo pudo suceder, quiero afirmar rotundamente que la vacunación es algo esencial y vital en sanidad y que las posturas pseudocientíficas que últimamente proliferan en algunos lugares en contra de la misma son peligrosas y nada racionales. Nada tiene que ver lo que es, en sí, el proceso de vacunación, una de las más importantes victoras de la humanidad contra la enfermedad, con un puntual caso de posible mala práctica no intencionada.
Básicamente, Hooper plantea que el SIDA surgió en el África Central, donde se vacunó a más de un millón de personas contra la poliomelitis con una vacuna desarrollada por Koprowski entre 1957 y 1960, contaminada con la variante del virus portado por chimpancés. ¿Cómo pudo suceder? De forma muy simple, se afirma en la investigación que se utilizó tejido renal de chimpancés locales, como medio de preparación para la vacuna. Esos tejidos, originarios de chimpancés portadores de la enfermedad, contaminaron las vacunas, que fueron el medio de transmitir el virus a los humanos.
Los responsables de la fabricación de aquellas vacunas han negado siempre haber utilizado chimpancés en el proceso y sí otro tipo de simios no africanos, pero Hooper ha demostrado que se construyó una instalación en las cercanías del laboratorio, en el que se recluyeron y sacrificaron gran cantidad de chimpancés en aquellos años. La documentación aportada por Hooper es asombrosa, tanto por su calidad como por su cantidad, pero no por ello es aplastante.
Y no lo es porque falta la prueba definitiva. ¿De qué prueba estoy hablando? Habría que analizar vacunas de esa época, de las fabricadas según el sistema de Koprowsky en África. El problema es que no queda casi ninguna. Se realizó un análisis de una muestra que había sido enviada a un laboratorio occidental hace años y no se pudo encontrar ningún rastro del virus. Pero se desconoce si esa muestra pertenecía a las que Hooper “culpa” del problema. Actualmente se está a la espera de localizar una cantidad adecuada de muestras, que sean identificadas sin problema como procedentes de aquellos lotes sospechosos utilizados en el África Central. Mientras la prueba no sea realizada, la idea de Hooper no es más que eso, aunque pueda ser factible, no es más que otra en el mar de hipótesis surgidas en torno a la oscura génesis del SIDA.

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